Tuesday, March 11, 2008

A propósito de Caballero -pensando en los intersticios

Quienes han seguido a Caballero en sus columnas en Semana (a otr@s les gustara su única novela, a otr@s sus caricaturas, a otrOs su periodismo taurino), pueden descubrir una vez más la insistencia de Caballero en su diágnostico del conflicto: tanto la guerrilla -como los paras- son 'SINTOMAS del problema'. Pero luego sostiene crípticamente -muy en su estilo- que el problema es histórico. Se puede en este punto entender o no a Caballero.
Por una lado, sorprende su afirmación espuria, según la cual "y una consecuencia del problema, como una llaga purulenta es el síntoma y la consecuencia de una infección, pero no es la infección. El problema, o la infección, es histórico: viene de ayer, y hay que resolverlo para mañana: no basta con cauterizarlo hoy, dejándolo vivo y exacerbado en el torrente interno de la sangre". Nos describe el problema en términos de una enfermedad, cuyo nombre podemos presumir. Asistimos, pues a la vaguedad.
Lo interesante de ella es que nos deja la posibilidad abierta de pensar cuál es esa enfermedad -que se deja pensar los intertisticios; propone volver sobre los hechos para constatar tentativamente un lugar común: que la violencia ha engendrado violencia, y que con ella se pretendió dar solución a un problema original.
Cabe preguntarse por qué este problema es político; no basta con decir que la solución en Colombia es política.

Wednesday, February 27, 2008

Esbozo de una lectura crítica de ‘Caminos del reconocimiento’ de Paul Ricoeur en clave analítica

Esbozo de una lectura crítica de ‘Caminos del reconocimiento’ de Paul Ricoeur en clave analítica

„Im Rennen der Philosophie gewinnt, wer am langsamsten laufen kann. Oder: der, der das Ziel zuletzt erreicht“.
Wittgenstein.


Este escrito tiene su punto de partida en una lectura de Caminos del reconocimiento (citado como PR: Parcours de la Reconnainssance en adelante) de Paul Ricoeur[1]. En éste se pretende presentar nada más que preliminarmente o a modo de esbozo lo que podría ser una teoría crítica del reconocimiento[2], que se distancia de la teoría ricoeriana, específicamente en tres puntos: (I) en el criterio que escoge Ricoeur como guía para analizar el reconocimiento en tanto filosofema: la llamada por él ‘polisemia regulada’, (II) en la teoría de la identidad-reconocimiento ricoeriana y (III) en su comprensión del reconocimiento como una capacidad o como una cuestión de agencia de los individuos, antes que como un funcionamiento, en relación con el enfoque evaluativo de Amartya K. Sen. Se trata de una lectura cuyo propósito es hacer coherente una teoría del reconocimiento, por un lado, con un análisis filosófico más afín a la llamada la ‘filosofía analítica anglosajona’, por contraste con el análisis de Ricoeur, sostenemos, influido más por ‘filosofía continental’, y por el otro, a una interpretación de la filosofía de la economía que aboga por el desarrollo y el bienestar, y no tanto por una política social del reconocimiento.

A fin de que este distanciamiento sea inteligible, es necesario comenzar por hacer una distinción entre estos dos tipos de filosofía. En una página sobre Ricoeur se afirma que el autor: “permanece para muchos el modelo real de intelectual, atento a los eventos y tratando de responder a ellos, no como un maestro filósofo, sino simplemente como un pensador. Un mediador ejemplar, que se sitúa él mismo en el cruce de caminos de tres grandes tradiciones filosóficas: la filosofía reflexiva francesa, la así llamada filosofía continental y la filosofía analítica anglosajona”[3]. Nos preguntamos hasta qué punto la segunda parte de esta afirmación es cierta para la teoría del reconocimiento esbozada en ‘Caminos del reconocimiento’, esto es, en qué medida Ricoeur se sitúa en el cruce de caminos de tres tradiciones filosóficas, y en particular si hace justicia a una de las tradiciones filosóficas: la ‘filosofía analítica anglosajona’.

El término ‘filosofía analítica anglosajona’ es una expresión remoquete o sombrilla (umbrella) corrientemente usada en la historia de la filosofía para designar un tipo diverso de tendencias filosóficas y técnicas argumentativas. Es relativamente fácil identificar a la filosofía analítica y a sus representantes, si bien es difícil determinar con precisión cuáles serían los criterios para distinguir a este tipo de filosofía de las otras. Con todo, la filosofía analítica, podemos decir en un intento negativo de definirla, no es manifiestamente una escuela, doctrina o un cuerpo de proposiciones aceptadas (corpus). Se le llama ‘anglosajona’, porque la mayoría de los filósofos analíticos escribe en lengua inglesa para otros filósofos que hablan esa lengua, publican de preferencia ‘papers’ o reseñas críticas de opinión y hacen uso de una pretendida técnica conocida como ‘análisis filosófico’. Este tipo de análisis, usado en principio por Locke, Hume y Kant, tiene por objeto no tanto el lenguaje per se, sino más bien, por lo menos en Russell y Moore, conceptos y proposiciones. Se prefiere el análisis de éstos, a la luz de los autores mencionados, en virtud de que se asume que la realidad carece de una forma lógica. En ese sentido, este tipo de filosofía propone un cambio del subject-matter de la disciplina. En el Wittgenstein del Tractatus, la estructura del lenguaje refleja la estructura del mundo; cada proposición significativa puede ser analizada en sus partes atómicas, las cuales relevan las unidades mínimas constitutivas de la realidad. Esta idea, a la que el filósofo de Viena renunciara en sus obras posteriores, ejercerá luego una poderosa influencia sobre Ayer, Carnap y Popper, y servirá de base para el positivismo lógico[4]. A partir de las ideas del ‘último Wittgenstein’, el cual se centra en el análisis del lenguaje ordinario, surgirá la llamada ‘filosofía del lenguaje’, cultivada por los representantes de la Oxford philosophy[5].

(I)

Una de las pretensiones declaradas explícitamente por Ricoeur en PR es hacer filosofía del lenguaje ordinario: “Como buen alumno de buena escuela británica del lenguaje ordinario, he intentado descifrar las significaciones según su contexto singular de uso en la lengua común” (PR, 15). Su propósito es realizar un análisis del concepto de reconocimiento acudiendo a las definiciones de diccionarios franceses (Littré, 1892 y Robert, 1985)[6], apelando al recurso técnico que llama ‘polisemia regulada’ basado en la lexicografía, el cual enfatiza, sostiene, un sentimiento de una deficiencia semántica observable en el tratamiento temático filosófico de reconocimiento. Ricoeur identifica problemáticamente el lenguaje ordinario con las definiciones del diccionario; si bien el diccionario trata de abarcar todas las acepciones del lenguaje ordinario, con todo, por un lado, esta herramienta lingüística hace referencia a las acepciones de una palabra de una lengua en particular, en este caso el francés, y por otro, resulta que en cada lengua particular hay una maraña de acepciones en el diccionario cuyos elementos no parecen tener que ver entre sí, no sólo en la lengua francesa, 23 acepciones, sino en otras ­-17 acepciones en el diccionario español de la RAE o en alemán voces diferentes erkennen y anerkennen-. Un punto más problemático sería que partir de las definiciones de diccionario haría del reconocimiento un fenómeno específicamente humano, cuando intuitivamente se puede establecer que otros seres son capaces de reconocimiento. Sobre ello volveremos más adelante. El punto es que no se sigue que haya una regla que Ricoeur afirma para la práctica lingüística en general, basado en sus ‘ideas madre’ (PR, p. 26); habría que acudir a todos los usos de la expresión en diferentes lenguas, convertida en un concepto en su forma sustantivada en el título de la obra, para hacer filosofía del lenguaje ordinario. En ese sentido, causa verdadera perplejidad en el plano filosófico esa diversidad de usos de las lenguas particulares. La escogencia de la regla basada en la lexicografía francesa es una petitio principii cuyo valor filosófico siempre puede ser puesto en cuestión, y en esa medida Ricoeur se distanciaría de los criterios de análisis filosófico de la filosofía analítica anglosajona.

El principio de la polisemia regulada -eso que Ricoeur llama ‘lo no dicho’-, no necesariamente tendría que, como propone el filósofo francés, dar un paso de la voz activa (reconocimiento-identificación), a través de la reflexibilidad (reconocerse a sí mismo), a la pasiva (reconocimiento mutuo). Lo que proponemos es que, aceptando que el principio de la polisemia ricoeriana es más bien arbitrario, el fenómeno del reconocimiento se explique a la luz de dos distinciones –me estoy refiriendo a las elaboradas por J. L. Austin de How to do things with Words: (a) la que diferencia entre las afirmaciones susceptibles de ser verdaderas o falsas, v. g., las proposiciones, que consisten en una descripción, v. .g, ‘reconozco ese vestido’ y (b) las afirmaciones-actos, como por ejemplo, ‘por medio de la presente reconozco’, que constituyen actos performativos. En otras palabras, distinguimos con G. Evans, Varieties of Reference (1982), tres tipos de reconocimiento-identificación: (i) la reconocimiento-identificación demostrativo, (ii) la auto-identificación reconocimiento y (iii) el reconocimiento basado en la identificación. Ello, a fin de explicar que hay dos tipos de reconocimiento en general diferentes, uno que pueden llevar a cabo no sólo los humanos sino también los animales y las máquinas (i), y otro que es específicamente humano (ii) y (iii). Para el caso estrictamente filosófico, vale la pena llamar la atención sobre las definiciones estipulativas, en las que el filósofo, en un acto de performancia, crea un nuevo sentido de reconocimiento. Lo que sostenemos es que el reconocimiento es una acción, pero puede ser que ello no pueda ser visto en la lexicografía filosófica: precisa ser visto más allá del diccionario, a través de distinciones analíticas.



(II)

Una filosofía de la acción analítica, en el sentido de Davidson[7], puede partir de un hecho más evidente en un diccionario y es la característica que comparten todas las acepciones: todas son acciones de alguien o algo y todo reconocimiento es un modo de identificación. La explicación que proponemos parte de lo más básico en función de la acción de identificar. Primero respondería a la pregunta general por el agente de la acción: ¿quién o qué reconoce y a través de qué medios?

(i) ¿Quién o qué reconoce? Un atisbo de respuesta puede ser que, por un lado, el reconocimiento en el sentido demostrativo no es necesariamente humano, pues los animales[8] y los objetos[9] pueden reconocer y, por otro, hay un agente que causa intencionalmente la acción de reconocer, directa o de modo derivado como en el caso de la tecnología[10]. Este tipo de reconocimiento supone percepción (Evans, 1982, p. 143). Los animales y los microorganismos, o cualquier ser capaz de reconocer –no sólo el hombre es capaz-, son capaces de intencionalidad derivada o directa. El papel que juega el lenguaje en la acción es fundamental; el reconocimiento no se produce si no media el lenguaje, el lenguaje es el instrumento por medio del cual se lleva a cabo el reconocimiento. En el encuentro entre Ulises y Argos, el suceso hubiera constituido un acontecimiento insignificante, en el sentido de Davidson, si el perro no hubiese movido la cola y reconocido con ese movimiento a su amo, y a pesar de los cambios de algunas cualidades físicas del héroe. Para que se produzca el reconocimiento, en el caso del ordenador o el artefacto, éste debe emitir un signo de ‘successful done o recognized’.

(ii) ¿A través de qué medios? Ricoeur en un claro distanciamiento de la filosofía analítica anglosajona, urde un entramado conceptual que va desde Descartes hasta Proust, pasando por el Kant de la primera versión de la K. R. V.[11], el Husserl de Krisis[12] y el Heidegger de Holzwege[13]. Ello con el propósito de construir hermenéuticamente una dialéctica del aparecer-desaparecer-reaparecer, centrando su atención en la función del tiempo en la identificación, y criticando la concepción kantiana de éste, por depender de la representación. No obstante, ello tiene por consecuencia que sólo que sólo se toque de pasada el concepto de identidad[14], que permite una explicación del proceso de identificación, y por ello de reconocimiento, en la filosofía analítica anglosajona.

Acudiendo a una lectura de Locke por J. L. Mackie[15], la identidad y la diversidad se forman cuando la mente considera un ente en un tiempo y lugar actual determinados, en relación con otro tiempo (quizá anterior). La identidad consiste, pues, en que las ideas que se atribuyen a los entes en el presente, no varían en comparación con una existencia previa: cuando se toma un objeto X se puede decir que ese objeto es el mismo objeto X’ percibido en otro tiempo, y ello se puede afirmar a pasar de que el objeto ha sufrido cambios. En palabras de Mackie, la noción de identidad (en Locke y en Hume) está esencialmente conectada con la persistencia en el tiempo de ciertas partes constituyentes (requirements). A Locke le interesa explicar, entonces: “lo que queremos decir cuando pretendemos que algo que existe en un tiempo posterior T2 es idéntico con algo que existió en un tiempo anterior T1 y cómo justificamos esto cuando lo decimos” (Mackie, 1976, p. 141). El argumento que ofrece Locke a favor de su noción de identidad es que, dado que dos cosas de un mismo tipo no pueden existir en el mismo lugar y en el mismo tiempo, se puede concluir que cualquier cosa que exista en cualquier lugar y tiempo excluye todo aquello de su mismo tipo. Es decir, hay una identidad de la misma cosa consigo misma (‘(the thing) was the same with it self and no other’). Por ello, según el filósofo inglés, un ente no puede tener dos comienzos de existencia, ni dos entes un mismo comienzo, pues es imposible que dos cosas del tipo existan en el mismo instante y en el mismo lugar, o que una y la misma cosa existan en lugares distintos. Por consiguiente, la igualdad de una substancia a través del tiempo está constituida por la continuidad espacio-temporal de una cosa del tipo en cuestión. El estudio empero debería resolver la cuestión de qué sucede con la tesis según la cual dos cosas no pueden existir en el mismo espacio-tiempo, si se acepta que la mente puede ser idéntica con el cerebro o que un rayo de luz es idéntico a una descarga eléctrica; la pregunta: ‘¿esto está en el mismo sitio que aquello?’ no provee, pues, de ningún criterio seguro y útil para decidir en tales casos.

Con todo, hay un criterio de identidad en Locke, que es el siguiente: “un ‘ente’ que existe en un T2 es idéntico con un ‘ente’ que existió en T1, si y sólo si, hay una historia espacio-temporal continua de un cuerpo sólido de materia en el que se junten las ocurrencias-ente en T1 con las de T2. En definitiva, el criterio de determinación de la teoría general de la identidad en Locke consiste en que, a través del tiempo, x-ocurrencias en T1 y T2 son ocurrencias del mismo X (caballo, asfódelo[16], cuerpo) si y sólo si hay una X-historia continua enlazándolas (Mackie, op. cit. pp. 141-142). Cabe preguntar y a ello podríamos llamar una identidad narrativa; que se deja organizar en el lenguaje[17].

Por contraste, la teoría de la identidad de Locke es tenida en cuenta por Ricoeur en el contexto del reconocimiento de sí mismo, más específicamente en la ‘fenomenología del hombre capaz’. “Con John Locke, la idea de la confesión da paso a la de la reflexión. Y la memoria es interrogada dentro de la esfera de influencia de la reflexión […] Locke, por supuesto, ignora este concepto de identidad narrativa, que nos proporciona el privilegio de una lectura distanciada con respecto al texto de este brillante defensor de la identidad-mismidad” (PR, 157). No empeñaremos en mostrar que ello no es así.

(ii) La intención de Locke con su noción de identidad personal es mostrar que la identidad personal equivale a la unidad de conciencia o se basa en ella. La posición de Locke acerca de la identidad personal ha establecido la forma según la cual los filósofos del lenguaje ordinario han discutido el problema de la identidad y del reconocimiento hasta ahora, e introdujo el método de construir casos aporéticos y además, propone una solución que aún puede considerarse plausible, y que Ricoeur soslaya en su teoría del reconocimiento. Sin embargo, para que la teoría lockeana pueda ser aceptada como una explicación plausible del reconocimiento de sí, es necesario revelar qué entiende el filósofo inglés por conciencia. En opinión de Mackie, habría dos tipos de conciencia; la primera haría referencia a ser consciente de hacer o experimentar algo, mientras que la segunda aludiría a percatarse de las cosas materiales, de los eventos externos. Los dos tipos de conciencia son vistos desde el interior. Ahora bien, Ricoeur sostiene que Locke ignora el concepto de identidad narrativa, a lo que respondemos que si bien no lo usó explícitamente, en la explicación de cómo se conectan estos tipos de conciencia, puede estar la clave de una identidad narrativa, que obtenemos a través de la interpretación que hace Mackie de la teoría de la identidad personal de Locke.

A fin de demostrar que en una interpretación de Locke sí puede haber una concepción de la identidad narrativa, es necesario mostrar que ésta se basa en la ‘unidad de la conciencia’. En primer lugar, Mackie sostiene a partir de Locke que hay unidades de conciencia potencial, esto es, que una persona puede recordar en principio cualquier acción o experiencia suya consciente, aun aquellas que no puede recordar de hecho por ningún estímulo. Empero, pregunta Mackie, ¿qué quiere decir ‘podría en principio recordar’? Si hay algo que permite recordar (v g. la continua existencia del mismo sistema central, (Evans, 1982)), se podría afirmar que alguien podría recordar en principio si dicha base del recuerdo está presente, pero algo interferente, por ejemplo un trauma craneal severo, le impediría al hombre recordar ciertas experiencias, incluso con la ayuda de recordatorios. Por otro lado, es necesario lo que es conocido en la teoría de la identidad lockeana como el problema de la transitividad[18], en una ventaja: “la unidad de conciencia no estaría determinada por la relación ‘poder recordar’, sino por su antepasado (ancestral), esto es, por la relación que es a ‘podría recordar’ como antecesor es a padre. Dado que x puede recordar en t3 sus experiencias en t2, y que x en t2 recordaba los eventos de t1, entonces, las experiencias de t1, t2 y t3, pertenecen todas ellas a la misma unidad de conciencia. Esta es la propuesta desarrollada por Mackie en detalle.

Locke podría haber sostenido que aquello que hace a la misma persona es una co-conciencia de experiencias, unos presentes plausibles entrecruzados. Lo que pasa en este momento llena un corto trecho de tiempo y los ahoras se entrecruzan unos con otros. Dicho de otro modo, “para cada ahora hay, podríamos decir, una ocurrencia-de-yo, y sucesivas ocurrencias-de-yo que se entrecruzarán y desaparecerán unas con otras: de manera que estas ocurrencias-de-yo constituyen una continua historia-de-yo” (Mackie, 1976, p. 145[19]), una identidad narrativa. Cabe anotar que para cubrir los baches de continuidad, es preciso introducir la memoria. De esta manera, entonces, se puede generar una relación es a la misma persona que y otra pertenece a la misma persona que, que son tanto transitivas como simétricas. Esta explicación, sostiene Mackie, desarrolla la sugerencia inicial de Locke según la cual la mismidad de una persona se funda de algún modo en la co-conciencia de experiencias y acciones.
Ello guardaría una analogía (no estricta) como lo que Mackie llamó la ‘teoría general de la identidad’: las ocurrencias-de-yo que se entrecruzan durante un día de vigilia constituyen una historia-de-yo que tiene el tipo de continuidad que es apropiado para las personas […] y los puentes de memoria que me unen a mí en un día conmigo mismo en el día previo son un tipo de sustitutos para una existencia continua” (Mackie, 1976, p. 180).

De manera que, concluyendo el filósofo inglés sostiene, que el interés dirigido al futuro se adecua a la auto-atribución reflexiva de acciones pasadas: “el yo futuro por cuyo bienestar tengo ahora esta preocupación especial, es el que se imputará a sí mismo cualquier cosa que haga yo ahora y que recordará mi experiencia presente desde el interior (Mackie, 1976, p. 177). De manera que la memoria retrospectiva y la auto-atribución de acciones parecen ir juntas, y en conjunto proporcionan el fundamento del uso correcto de una persona idéntica como portador de responsabilidades y derechos.

(III)
El propósito de este acápite es mostrar que en Sen, de acuerdo con su enfoque de las capacidades, el fenómeno del reconocimiento sería más un funcionamiento que una capacidad, y para ello es necesario hacer énfasis, no tanto en concepto de agencia como en el concepto de funcionamiento vs. Capacidad.

En el enfoque evaluativo de Sen (Sen, 2000), los individuos en tanto agentes, se proponen objetivos a alcanzar. Para su consecución consideran razonable asociarse para obtener ventajas que les permitan hacerlo del modo más idóneo o haciendo menos esfuerzo, o incluso se asocian para alcanzar objetivos que no podrían obtener por sí solos. De acuerdo con ello, resulta legítimo preguntarse qué criterios permiten evaluar el éxito o fracaso de tales asociaciones; instituciones políticas, sociales y económicas, dado que son éstas las que al fin y al cabo hacen posible y regulan la acción, tanto individual como colectiva, en el marco de una sociedad. Lo que se ha de evaluar, pues, es el grado de cumplimiento de los compromisos que tales instituciones tiene con el individuo. Pero cuáles sean esos compromisos es una cuestión que depende en su totalidad del propósito que le atribuyamos al sistema social en general. Así, el criterio último con relación al cual se efectúa la evaluación es, para usar la expresión de Sen, el propósito-valor, que le adscribamos a dicho sistema. No huelga decirlo, la selección de un propósito-valor determinado tiene como consecuencia inmediata una determinación relativamente clara de lo que cuenta o no como información pertinente a la hora de evaluar una institución social, política o económica, lo cual, a su vez, implica una delimitación relativamente precisa del espacio cualitativo concomitante.

Si las sociedades pueden entenderse como espacios en los que los agentes buscan obtener ventajas que les permitan alcanzar sus objetivos del modo más idóneo posible, entonces la evaluación de una sociedad y sus instituciones en términos del desarrollo y el bienestar no puede más que “centrar la atención en las oportunidades reales del individuo para alcanzar sus objetivos (Sen, 2000, p. 99). Pero esas oportunidades reales no pueden evaluarse limitándose a la consideración de la renta o de un listado, por amplio que sea, de bienes primarios, sino que deben considerarse además diferencias individuales tales como hetrogeneidad personal, diversidad relacionada con el medio ambiente, diferencias de clima social, diferencias relacionadas con usos y costumbres, y distribución de rentas y bienes obtenidos por la familia como unidad (Sen, 2000, pp. 94-96), que son las que “determinan la conversión de los bienes primarios en la capacidad de la persona para alcanzar sus fines (Sen, 2000, p. 99). Ello da lugar al concepto de ‘funcionamiento’, bajo el cual caben todas aquellas cosas que una persona puede considerar valioso hacer o ser (estar bien nutrido, evitar las enfermedades, ser feliz, participar de la vida de la comunidad, ser reconocido, etc.). Las capacidades, que se definen como el conjunto de libertades nos permite vivir el tipo de vida que consideramos valioso, cualquiera que éste sea, pueden ahora definirse, en términos de funcionamientos, como la libertad para conseguir distintas combinaciones de aquellos (un modo de vida es, pues, una determinada combinación de funcionamientos).

Ahora bien, dado todo esto, ¿en qué términos se debe evaluar el reconocimiento o no reconocimiento de los individuos de una sociedad y de sus instituciones dado el enfoque de las capacidades? La evaluación en el marco de un enfoque se hace tomando como criterio último un determinado propósito-valor (el bienestar, el desarrollo, por ejemplo), el cual a su vez determina el tipo de información relevante (v. g., los espacios participativos designados a grupos minoritarios) y el espacio evaluativo particular (por ejemplo, mis propios derechos, como votar, o recibir subsidios, etc.). Pues bien, la particularidad del enfoque sobre las capacidades, que Ricoeur no toma en cuenta, consiste en que, como se preocupa por la ventajas individuales para el logro de los objetivos indefinidos, no determina para sí un propósito-valor específico (como el reconocimiento); en su lugar considera cuatro puntos relevantes de interés evaluativo: 1.1) promoción del bienestar del individuo, 1.2. promoción de las metas de agencia del individuo (bienestar individual más metas diferentes a éste); 2.1) logro, y 2.2 libertad de lograr. Y la idea es que los dos últimos puntos se aplican a los dos primeros, dando lugar a cuatro conceptos diferentes de ventaja, referentes a la persona: 1) logro de bienestar; 2) ‘logro de agencia’; 3) ‘libertad de bienestar’, y 4) ‘libertad de agencia’ (Sen, 2000, p. 61). La información relevante, por su parte, es mucho más amplia que la de cualquier otro enfoque, porque no sólo varía con relación al concepto de ventaja bajo el cual va a proceder la evolución, el cual se escoge de acuerdo con e contexto, sino que además tiene que atender a las particularidades de los individuos. No obstante, la “base informativa primaria” es el conjunto de capacidades; pero entonces cabe la pregunta, y por qué las capacidades y no los funcionamientos como el reconocimiento? Al fin y al cabo un reconocimiento parece más básico que aquellas.

Sen esgrime un argumento al respecto. Supongamos un espacio de todos los funcionamientos, en el que cada punto (por ejemplo de reconocimiento) representa una combinación de los quehaceres y seres de una persona. Un conjunto de esos puntos puede representar las diversas combinaciones de que quehaceres y seres disponibles para una persona, esto es, ese conjunto de puntos representa la capacidad de la persona. Queda así definida la capacidad en el espacio de los funcionamientos. Además, un logro de funcionamiento se representará mediante un punto, mientras que las posibilidades alternativas (las capacidades) se representarán mediante conjuntos de puntos. Así pues, como el conjunto de puntos (capacidad) contiene al punto (logro), si lo que uno quiere es hacer una evaluación en términos de logros, simplemente tiene que atribuirle el valor del punto a todo el conjunto. En ese sentido, las evaluaciones en términos de logros pueden entenderse como casos especiales de la evaluación en términos del conjunto como un todo.

En segundo lugar, si lo que queremos evaluar, por ejemplo, es el reconocimiento para el bienestar, eso sólo lo podemos hacer desde la perspectiva de las capacidades, porque tal reconocimiento representa, precisamente, la posibilidad de reconocerse en diferentes bienestares posibles, los cuales hacen parte del conjunto de capacidad. En conclusión, la flexibilidad y amplitud parecen ser los más grandes atractivos de enfoque sobre las capacidades: no sólo permite evaluar las instituciones tendiendo en cuenta la distintas concepciones de la ventaja individual o las sutiles pero relevantes diferencias personales y colectivas de los individuos a punto de ‘reconocimientos’ sino que, al no comprometerse con una lista única y definitiva de funcionamientos valiosos, al ser un enfoque ‘formal’ o ‘esencialemnte incompleto’, brinda un importante campo común –un espacio- para las diferentes teorías ‘sustantivas’ del valor en el contexto de la política y la economía, dejando lugar a todo tipo de análisis alternativos plausibles.

BIBLIOGRAFÍA

- Evans, Gareth (1982), The Varieties of Reference, Edited by J. McDowell, Oxford: Oxford University Press.
- Husserl, E., (Krisis), Husserliana, Gesammelte Werke, VI, Die Krisis der Europäischen Wissenchaften und die Trazendentale Phänomenologie, M. Nijhoff, Haag, 1954.
- Kant, I. (K. R. V.), Kritik der reinen Vernunft, Könemann, Köln, 1995. Herausgegeben von Rolf Toman.
- Locke, John, An Essay concerning Human Understanding, Edited with an Introduction by Peter H. Nidditch, Oxford: Clarendon Press, 1975.
- Mackie, John L. (1976), Problems from Locke, Oxford: Clarendon Press.
- Ricoeur, P., (PR), Caminos del reconocimiento, FCE: México, 2006. Traducción de Agustín Neira.
- Searle, John, "Minds, Brains, and Programs." Behavioral and Brain Sciences 3, 1980
- Sen, Amartya (2000), Desarrollo y Libertad, Bogotá: Planeta, ch. I a III.
- Wittgenstein, Ludwig, Werkausgabe in 8 Bänden, Suhrkamp Verlag, Frankfurt, 1996.


Fuentes electrónicas:
- Eisler, Rudolf, Kant-Lexikon, Nachschlagewerk zu Immanuel Kant, (1930), ON-LINE: 30.08.2007
http://www.textlog.de/33199.html
-Ricoeur, Paul, http://www.fondsricoeur.fr/index.php?m=21&lang=en&rub=2&opt=21, ON-LINE: 14.10.2007
[1] La lectura de la obra fue realizada en el seminario de doctorado de la Pontificia Universidad Javeriana del segundo semestre de 2007, bajo el abrigo del profesor F. Sierra. Citaremos de la edición castellana: Ricoeur, P., (PR), Caminos del reconocimiento, FCE: México, 2006. Traducción de Agustín Neira.
[2] En el uso de esta expresión nos distanciamos de N. Fraser, quien en: ‘From Redistribuiton to Recognition? Dilemmas of Justice in a “Post-socialist” Age’ (1998) propone desarrollar una teoría crítica del reconocimiento que pretende identificar y defender sólo aquellas versiones de la política cultural de la diferencia que sean coherentes con lo que ella llama la política social de la igualdad, op. cit., p. 20.
[3] “Remains for many the very model of the intellectual, attentive to events and trying to respond to them, not as a Master Philosopher, but simply as a thinker. An exemplary mediator, he placed himself at the crossroads of three great philosophical traditions: French reflective philosophy; so-called continental philosophy; and anglo-saxon analytic philosophy” (cf. http://www.fondsricoeur.fr/index.php?m=21&lang=en&rub=2&opt=21, 14.10.2007)
[4] "La posibilidad de la proposición descansa sobre el principio de la representación (vertretung) de objetos por medio de signos. Mi idea fundamental es que las "constantes lógicas" no representan (vertretten) nada, que la lógica de los hechos no permita representar" (TLP, 4.0312).
[5] Un movimiento filosófico no definitivamente estructurado que sostiene que el significado de los conceptos, incluidos aquellos centrales a la filosofía tradicional, es fijado por las prácticas lingüísticas. Ryle, Malcolm y J. L. Austin se pueden contar entre sus representantes y sus antecedentes son Moore y en la antigüedad Sócrates.
[6] Ricoeur equipara el diccionario al ‘Lexicon’. Cabe preguntarse si esta equiparación es legítima, pues mientras el diccionario trata de ser conciso y funcional (Robert), el lexicón tiene la pretensión de ser más exhaustivo (monográfico, diríamos con Littré). Pareciera, en principio, manifiestos sus propósitos, como si su pretensión fuera hacer la entrada de la palabra ‘reconocer’ de un ‘Lexicon’ muy extenso, crítico-filosófico.
[7] “Esta oposición en primera instancia entre hacer que suceda intencionalmente y suceder causalmente puede debilitarse por una ontología del acontecimiento insignificante, como la de Donald Davidson que hace pasar el corte lógico entre la clase de los acontecimientos y la de las sustancias o estados de cosas en el sentido de objetos fijos. Las acciones caen, pues, dentro de la primera clase. Queda el uso adverbial de la intención, la expresión hecho ‘intencionalmente’. Este uso da pie a hacer de la explicación mediante las razones una especie de explicación causal sobre fondo de ontología del acontecimiento. Por tanto, la razón primaria de la acción es su causa” (PR, 130).
[8] El ‘animal filosófico’ puede reconocer: “El poeta –Ricoeur se refiere a Homero- emplea el último término para resumir con una palabra el reconocimiento directo de Ulises por parte de Argos, el perro fiel: ‘Reconoció (enoesen) a Ulises en el hombre que llegaba y, moviendo la cola, dejó caer ambas orejas. Pero ya no tuvo fuerza para acercarse a su amo” (Iliada, Canto XVII, citada por Ricoeur en PR, 104).
[9] Las máquinas pueden reconocer, en una definición de la ciencia cognitiva: “Pattern recognition is a sub-topic of machine learning. It can be defined as "the act of taking in raw data and taking an action based on the category of the data". En un sentido más coloquial decimos que, por ejemplo, ‘la computadora reconoció la memoria virtual’, si bien se trataría de una acción de intencionalidad derivada de la humana.
[10] Searle, John, "Minds, Brains, and Programs." Behavioral and Brain Sciences 3, 1980, pp. 417-424.
[11] Para una interpretación del término Rekognition en Kant confróntese: Eisler, Rudolf, Kant-Lexikon, Nachschlagewerk zu Immanuel Kant, (1930): "Ohne Bewußtsein, daß das, was wir denken, eben dasselbe sei, was wir einen Augenblick zuvor dachten, würde alle Reproduktion in der Reihe der Vorstellungen vergeblich sein. Denn es wäre eine neue Vorstellung im jetzigen Zustande, die zu dem Actus, wodurch sie nach und nach hat erzeugt werden sollen, gar nicht gehörte, und das Mannigfaltige derselben würde immer kein Ganzes ausmachen, weil es der Einheit ermangelte, die ihm nur das Bewußtsein verschaffen kann" (so besteht z. B. die Zahl im Bewußtsein der Einheit der Synthesis von Eins zu Eins), KrV 1. A. tr. Anal. 1. B. 2. H. 2. Abs. 3. (I 710 f.—Rc 180 f.). Das Wort "Begriff" (s. d.) weist schon darauf hin, daß das "eine Bewußtsein" es ist, "was das Mannigfaltige, nach und nach Angeschaute und dann auch Reproduzierte in eine Vorstellung vereinigt". Dieses Bewußtsein kann sehr schwach (unklar) sein, aber ohne dasselbe sind Begriffe und mit ihnen Erkenntnis von Gegenständen (s. Objekt) unmöglich, ibid. (I 711—182). Der Begriff ist stets seiner Form nach "etwas Allgemeines und was zur Regel dient". So dient der Begriff des Körpers nach der "Einheit des Mannigfaltigen", das durch ihn gedacht wird, unserer Erkenntnis äußerer Erscheinungen zur Regel. "Eine Regel der Anschauungen kann er aber nur dadurch sein, daß er bei gegebenen Erscheinungen die notwendige Reproduktion des Mannigfaltigen derselben, mithin die synthetische Einheit in ihrem Bewußtsein vorstellt. So macht der Begriff des Körpers, bei der Wahrnehmung von Etwas außer uns, die Vorstellung der Ausdehnung und mit ihr die der Undurchdringlichkeit, der Gestalt usw. notwendig." Der Begriff enthält die "Einheit der Regel", und diese "bestimmt nun das Mannigfaltige und schränkt es auf Bedingungen ein, welche die Einheit der Apperzeption möglich machen", und der Begriff dieser Einheit ist der Gedanke vom Gegenstande = x, auf den ich das Mannigfaltige beziehe, ibid. (I 712 f.—Rc 184 f.). Die "ursprüngliche und transzendentale Bedingung" der Einheit des Mannigfaltigen aller Anschauungen und also auch der Begriffe der Objekte, die Grundbedingung des Denkens eines "Gegenstandes" überhaupt ist die transzendentale Apperzeption (s. d.), das "reine ursprüngliche, unwandelbare", identische Bewußtsein (Selbstbewußtsein), dessen "numerische Einheit" allen Begriffen zugrunde liegt und also auch die Synthesis der Rekognition in diesen möglich macht. Das ursprüngliche Bewußtsein der Identität (s. d.) seiner selbst (in der Apperzeption) ist zugleich ein Bewußtsein einer ebenso notwendigen "Einheit der Synthesis aller Erscheinungen nach Begriffen, d. i. nach Regeln, die sie nicht allein notwendig reproduzibel machen, sondern dadurch auch ihrer Anschauung einen Gegenstand bestimmen, d. i. den Begriff von Etwas, darin sie notwendig zusammenhängen", ibid. (I 713 ff.—Rc 186 ff.). Die Gründe der Rekognition des Mannigfaltigen, sofern sie bloß die "Form einer Erfahrung überhaupt" betreffen, sind die Kategorien (s. d.). "Auf ihnen gründet sich also alle formale Einheit in der Synthesis der Einbildungskraft, und vermittelst dieser auch alles empirischen Gebrauchs derselben (in der Rekognition, Reproduktion, Assoziation, Apprehension) bis herunter zu den Erscheinungen, weil diese nur vermittelst jener Elemente der Erkenntnis, und überhaupt unserem Bewußtsein, mithin uns selbst angehören können", ibid. 3. Abs. (I 726 f.—Rc 214 f.).
[12] Una primera aproximación a una filosofía del reconocimiento diferente de la kantiana, según Ricoeur, es la de Husserl en la tercera parte (acápite A) de Krisis, “Der Weg in die phänomenologische Tranzendentalphilosophie in der Rückfrage von der vorgegebenen Lebenswelt aus”[12]. La ruptura con Kant tiene la rúbrica de la Rückfrage. Se trata de que las presuposiciones no cuestionadas por Kant concurren a determinar el sentido de sus interpelaciones-restrospectivas. Por ello, Husserl ve la necesidad de definir el término trascendental, como “el motivo de inquirir hacia atrás en las fuentes últimas de todas las formaciones de conocimiento, el motivo de la reflexión del conocedor sobre sí mismo y su conocimiento vital en el que las estructuras científicas que son válidas para él ocurren propositivamente, son guardadas como adquisiciones y han devenido y continuado deviniendo libremente disponibles” (Krisis, 101). En última instancia, el conocimiento trascendental consiste para Husserl, en la ‘auto-observación’ consciente de los contenidos de conciencia (Husserl lo dice lapidariamente del modo siguiente: ‘cogitatio de cogitata’) y de las propias vivencias. Es, justamente, la ausencia de tal trascendentalidad la que constituye el motivo de la valoración negativa que hace Husserl del objetivismo moderno kantiano. Es en este contexto, el de la aclaración del problema trascendental y de la función de la psicología insita en éste (como se intitula la tercera parte de Krisis: Die Klärung des trazendentalen Problem und die darauf bezogene Funktion der Psychologie), en el que se desarrollan los conceptos de Leiblichkeit, la distinción Leib-Körper, y el Lebenswelt, entre otros
[13] Si bien el momento proporcionado por Husserl para una filosofía diferente del reconocimiento es ‘precioso’, afirma Ricoeur que: “sólo la ontología heideggeriana despliega todos sus recursos” (Ibíd.). Ésta ataca frontalmente, quedará por saber cómo, sabemos dónde: en el Kantbuch y en Holzwege, entre la idea de representación y el mundo como representación; parte Heidegger de los enigmas y las aporías de la crítica y les restituye su valor instaurador –de nuevo cabe preguntar cómo, por arte de qué, G. J.-, “reinsertándolos en una perspectiva que rompió de un solo golpe al enunciarse como ‘instauración del fundamento de la metafísica’” (PR, 83). Ricoeur termina remitiéndonos al título del § 3, dejando sin explicar cuál es el choque frontal de Kant con Heidegger –sólo nos remite a donde ocurre.
[14] Locke es mencionado solo de pasada como el ‘ilustre’, (PR, p. 62).
[15] Mackie, John L., Problems from Locke, Oxford: Clarendon Press, 1976, pp. 141. Las traducciones del inglés son mías.

[16] A propósito del asfodélo (o gamón blanco: planta del género de las liliáceas), este ejemplo, le proporciona a Mackie un ‘borderline’ para profundizar en la teoría general de la identidad de Locke y criticarla. Cf. Op. Cit. pp. 144.
[17] Esta es una afirmación que precisa un argumento aún no elaborado.
[18] El problema consiste en que entre la memoria y el interés personal no tienen un orden (son laxas), ello se puede demostrar con un ejemplo de T. Reid: x recuerda un evento e en un tiempo t3 acaecido éste en un t2 y x recordaba un evento e’ en un tiempo t2 sucedido éste en t1 (por descontado, x es la misma persona), empero x en t3 no recuerda lo sucedida en t1 (es decir, el evento e’, a pesar de que recuerda e: un anciano no recuerda algo que le pasó cuando era niño, pero recuerda lo que le sucedió cuando era joven, y en esta edad recordaba perfectamente lo acaecido en su niñez). La conclusión que permite extraer el ejemplo anterior es que la relación ‘poder recordar las cosas’ no es transitiva, y por consiguiente, no define unidad de conciencia alguna. Más aún, la relación ‘preocuparse especialmente por’ tampoco es transitiva, y por lo demás, no siempre se ajusta con ‘poder recordar’.
[19] „x-occurrences at T1 and at T2 are occurrences of the same x if and only if there is a continuous x-history linking them” (Mackie, 1976, p. 144).

Friday, February 08, 2008

(!)

Mientras tenía que escuchar, entre la vigilia y el sueño, la voz de él, que yacía en una cama contigua, prefería que se tratare de un sueño, que el susurro fuera producido por su acalorada, in post extasis, mente. Hasta llegarse a sentir seducido por esa voz; imaginar que podían ser ciertas hasta las impetuosidades más pervertidas que han de usar máscaras porque la sociedad siempre denostara de ellas por desviadas.

Friday, January 04, 2008

A propósito de las uniones

Los hombres de acción no existen. Sólo las mujeres son capaces de actuar: los hombres somos reactivos. Ello explica el adagio popular: si un matrimonio fracasa es culpa del hombre y si triunfa es causa de la mujer.

Sunday, December 16, 2007

Blog

Dame un blog y te daré un aforismo.
Me pregunto, un tanto afanosamente, si algún día seré leído. No sé qué quiera decir esa pregunta pero ello no obsta para (no) plantearla. Sólo tiene sentido pero no significado.

Resignación

Tanto más difícil la resignación cuanto más orgulloso se es. Cuesta resignarse porque a menudo se es injustamente demasiado narciso: con todo nos preguntamos, y bueno, ¿por qué yo habría de resignarme?
El principal indicador de orgullo de un individuo es, por supuesto, la manera cómo se refiere a sí mismo; por usurpación, todo es suyo. Los orgullosos no son capaces de construir frases sin hacer uso de la primera persona.
El punto es que un conocimiento vital estriba en la capacidad de la negación, de autocercenación: saber bajo qué condiciones es imposible satisfacer el deseo y actuar en consecuencia. Es fácil saber lo primero, pero nunca hacer lo segundo, pues el exceso de estimación propia siempre se puede disimular arguyendo que nace de causas loables o nobles, o involuntarias e incontrolables.

Saturday, December 15, 2007

Time Back

No vive dignamente en relación con el tiempo quien quiere que éste vuelva atrás. Es el caso de los condenados y de los ancianos; eso explica su cinismo. Que haya algunos que no sean cínicos es sobrecogedoramente humano.

Tuesday, December 11, 2007

Dialéctica del amo y del esclavo

o la dialéctica del victimario y de la victima; los contrarios se necesitan mutuamente aunque se repelan. No se escoje de qué lado estar, se está en él y se vive de tal modo: el mundo del amo es completamente diferente del mundo del esclavo, como el mundo del feliz es completamente diferente que el del infeliz, en efecto.

Monday, December 03, 2007

Filósofos

La blasfemia es uno de los recursos preferidos por los filósofos; a menudo pienso si no es el único poderoso.

Thursday, November 29, 2007

Grüne

El ser humano es básicamente un animal lector. su vida consiste en aprender a significar y en descifrar símbolos, ofrecidos a la percepción. Evitar la vaguedad (cuál?) y alcanzar la precisión es el ideal filosófico de nuestro tiempo. De ahí que se inventen criterios (termómetros puede ser un símil que los describa) cuyo objeto es establecer qué cuenta como construcción semántica no-espuria. Una paradoja de lo espurio consiste en preguntar: ¿a qué tipo de vaguedad te refieres? Ese sería, por decirlo así, el comienzo de la verdadera sofística.

Tuesday, November 27, 2007

Timing Sense

Se me ha exigido en tanto adulto tenerlo. acaso quien posee uno agudo lleva una vida mejor o sólo ordenada, en la que imperan los fines y la afirmación del futuro: ¿en la que no puede haber lugar para el caos?

La ansiedad es un deseo sin objeto. A pesar de que estamos a salvo en casa (zu hause) insistimos en arrojarnos afuera de ella, no todos, pero sí definitivamente los que pertenecen al conjunto de vidas que busca un estado ideal de cosas más allá del espacio de sobra ya conocido.

Saturday, November 24, 2007

Razón - caos

Toda inteligencia tiende al caos. Es imposible saber tantas cosas y con todo, mantener un orden.
El orden es algo significativamente menos importante que el conocimiento del caos; el primero es una cuestión de casillas, compartimientos. Aquello que deben hacer quienes trabajan en los servicios de correos.

Thursday, November 22, 2007

(10.)

So sad. renuente a escribir. cansado: desganado.
No importa cuántas letrinas haya en el mundo, ellas no alcanzarán para toda la mierda humana.

Wednesday, November 07, 2007

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Prueba G

Sunday, October 07, 2007

poca cosa

Los mejores poemas de la humanidad han de haber sido concebidos, no escritos; han de haberle llegado al poeta en una noche de insomnio, en la que no se decidía a levantarse del lecho por lo que creía poca cosa, y en la que confiaba en una memoria inútil y falible. Otros debieron ser objeto de lo más absurdos accidentes, producto del descuido y del olvido.

Lo que nos queda en comparación es lo salvado; aquello que supera a la desidia y a la contigencia: justamente lo que era necesario que fuera, puro esfuerzo y el celo, la valentía y el vigor.

Friday, September 21, 2007

Me interesaría saber ahora mismo más sobre esto

Tomado de: http://corpoeduvirtual.blogspot.com/ viernes 31 de agosto de 2007
ESTANDAR PARA CALIDAD EN E-LEARNING ISO/IEC 19796
Como resultado de la integración y consensos creados sobre los estándares SCORM, IEEE , IMS y demás; la ISO estableció el primer estándar de calidad para educación virtual ISO/IEC 19796-1 ,sirviendo como marco de referencia para el aseguramiento de la calidad en educación virtual. Permite comparar las distintas tendencias actuales y unificarlas en un modelo común de calidad. Se basa en el Marco de Referencia para la Descripción de Calidad (RFDQ , Reference Framework for the Description of Quality Approaches) [18]. Consiste de dos partes:1. Un modelo de procesos como clasificación de referencia .2. Un esquema de descripción para el control de la calidad .

Wednesday, August 29, 2007

Himnos nacionales, Identidad y Patriotismo*.
Gabriel Jiménez Peña

En este breve escrito abordaré un tema quizá, prima facie, un tanto aburrido, si se tiene en cuenta que aparentemente poco o nada tiene que ver con la sociedad de consumo. Sin embargo, creo, trataré un tema, a la vez, que no ha dejado y no deja aún, de despertar discusiones acaloradas, desde los puntos de vista, social, político e incluso jurídico. Considero que una de las dificultades que supone este objeto, es que alrededor de él se suelen hacer muchos juicios valorativos, que provienen de las distintas ‘formas de vida’ locales que puede acoger el Estado-nación bajo su seno. Puesto en términos coloquiales, mientras que algunos creen que el himno de su país encarna los valores más promovidos o los de más valía para su sociedad, e incluso creen que éste representa bien a su nación, otros creen que, en términos de Identidad nacional, el himno no tiene mayor relevancia.

Intentaré tratar, entonces, a grandes rasgos, la relación que podría existir entre la identidad de los ciudadanos de un Estado nación y uno de los símbolos que pretendidamente la representan, por no decir la encarnan, a saber, el himno de tal estado.

Para que nadie se llame a engaño debo advertir que prescindiré, por una parte, de algunos detalles históricos, a no ser que sean usados a modo de ejemplo y ello no sólo por las limitaciones de tiempo, sino porque creo que con ello se podría ganar en objetividad, si es que es posible que ésta tenga un lugar aquí, y, por otra parte, de los detalles musicales o literarios o que impliquen cualquier juicio estético al respecto, dado que mi conocimiento sobre esto es más bien precario.

En lo que sigue me interesa sostener:

(a) Que la posición de quienes sostienen que los himnos juegan un rol relevante en el proceso de identificación de los ciudadanos con su Estado nación está desencaminada por dos razones básicas, (1) en la medida en que confunde las identidades nacionales con un fenómeno que promueve otro tipo de valores políticos y sociales y que está más cerca del chovinismo y del nacionalismo que de la sana identificación con el Estado nación; (2) porque está basada en el supuesto de que los himnos de un Estado nación recogen, al menos en esencia, los valores básicos de la sociedad acogida por ese Estado nación, desdeñando, de ese modo, la multiculturalidad que es parte constitutiva de éste.
(b) Sin embargo, creo que, si bien dicha actitud pierde las luces, no creo que esté del todo errada. Para el saco de la discusión, sostendré que hay casos en los que los himnos juegan un rol bien determinado e importante, en cuanto que pueden mostrar rasgos relevantes de la identidad de los ciudadanos con su Estado-nación.

(a) Identidad e Himnos nacionales

(1) Comencemos preguntando si a la posición que se intenta atacar aquí se le puede adjudicar una existencia real o si se trata de una mera ficción por mor de la heurística. Piénsese en un Estado que promueve que su himno nacional, cualesquiera que sean los medios (incluso represivos), sea cantado respetando ciertas normas, que sólo tienen relevancia para la actitud que es adecuada tomar en público (algo así como las buenas costumbres públicas o civismo). ¿Qué intereses podría tener tal régimen con respecto a sus ciudadanos? Los intereses pueden ir desde la gama de hacer efectivo que el himno se cante para conmemorar cierto acto relevante para la historia de la nación, o sencillamente para recordar que se posee la nacionalidad, hasta el intentar que todos sus ciudadanos compartan, por ejemplo, una única y determinada creencia o actitud. Para esto último basta recordar, por ejemplo, que “La Marseillaise,” el himno de la revolución francesa, que más tarde se convierte en el himno nacional, pretendía contar como uno de los resultados de la revolución, esto es, que ella simbolizará que la lealtad al rey fue reemplazada por la lealtad a la patria -Allons enfants de la patrie-. Este es el punto que me interesa tratar.

¿Qué puede significar la expresión, 'que los ciudadanos tengan una identidad compartida'? Al parecer no otra cosa que el que algunos hombres, que participan de la misma propiedad de haber nacido en un sitio geográficamente determinable, compartan ciertas creencias, una de las cuales bien puede ser la de que el régimen bajo el que viven actualmente fue posible gracias a que se promovieron ciertos valores, por ejemplo, la libertad, la igualdad y la fraternidad en el caso francés. Independientemente de si los habitantes nativos actuales de Francia creen esto o no, la cuestión es si tal creencia constituiría la identidad de los ciudadanos: hasta cierto punto sí, en un aspecto importante que intentaré explicar más adelante, pero desde el punto de vista de que la identidad se reduce a ello no. Esto parece obvio a primera vista, pero creo que justamente el tipo de identidad que querría promover un régimen totalitario es este último: la identidad nacional parece consistir, para éste, en compartir la creencia de que valores como el respeto, la obediencia y la lealtad absolutas se deben dirigir hacia el Estado. Huelga decir que el régimen se asegurará de que esta creencia sea compartida por todos. La coincidencia es que justamente estos valores se han de promover también con respecto al himno de la nación, porque, por medio de disposiciones jurídicas y políticas se impone sobre él la cualidad de representar oficialmente la nación. La correspondencia que se busca establecer es obvia: cualquier irrespeto al himno cuenta como irrespeto al estado. Nótese que esta oración posee una forma normativa regulativa: x cuenta como y en el contexto C y que con la palabra oficial intento poner de relieve que hay cierto carácter de normatividad, que a veces puede tener que ver con el acuerdo público y a veces con cierto grado de arbitrariedad. Dicho brevemente, en este caso la identidad de los ciudadanos intenta crearse jurídica y políticamente a través de medios que obliguen.

Así las cosas, el himno nacional, en tanto conocido por los ciudadanos, puede convertirse en representante de intereses determinados del gobierno, en virtud de su difusión masiva. Esto porque él mismo posee una función, que es asignada por las instituciones y en algunos casos por los mismos ciudadanos. Así un régimen puede llegar a cercenar las posibles interpretaciones y asimilaciones que se podrían hacer de una simple manifestación musical, no sabemos si ella misma con pretensiones político-totalitarias, para la consecución de tales fines.

Los himnos en sí mismos no son más que las canciones nacionales oficiales que intentan hacer honor al 'espíritu' del país nativo. Algunos celebran explícitamente un personaje histórico o un evento, otros buscan exaltar la belleza del país y otra parte de ellos son melodías sin palabras y a veces no más que breves fanfarrias. ¿Qué puede hacer que una pieza musical de esas características se pueda convertir en el símbolo de un Estado totalitario que intenta reducir la identidad a cierta consonancia con las ideas oficiales? Creo que aparte del componente normativo ya mencionado, la recepción que los ciudadanos hagan de él y la respectiva interpretación que ello supone. En este punto me gustaría echar mano de otro ejemplo.

La manipulación que hizo el nacional-socialismo del himno alemán llegó a niveles que suscitan todavía hoy discusión, dado que este sigue siendo aún el himno oficial de ese país. La primera frase de la primera estrofa de este himno dice 'Alemania, Alemania sobre todo', frase ésta que se prestaba por supuesto para ser usada como propaganda nazi. La solución durante la posguerra fue suprimir esa estrofa, a pesar de que cabía la posibilidad de que se tratará sólo de una exaltación a la unión alemana, es decir, a pesar de que pudo bien suceder que las pretensiones del compositor de la pieza no fueran nacionalistas en el sentido que le interesaba a los nazis, el de demostrar la superioridad de Alemania y el de promover esa actitud. Las determinadas condiciones históricas en las que surgió el himno se caracterizaban por una Alemania separada y ello da lugar para suponer que el escritor de la letra habría podido tener en mente algo muy distinto que la peligrosa promoción de la superioridad. La cuestión depende, de nuevo, de cómo interpreten y asuman los ciudadanos su himno. El objetivo del nacionalismo con los himnos, en su forma más extrema, es el de obligar a los ciudadanos a asumirlo de determinado modo y manera, no dejando lugar para que ellos decidan por sí mismos, si éste representa o no lo que ellos creen respecto de su nación.

Con esto creo haber atacado cierta postura que está interesada en confundir la identidad nacional con su primo díscolo, el nacionalismo. Cierto es que se hubo de acudir al primo díscolo cuando los Estados precisaron que los ciudadanos se identificaran con una única causa. Pero para mostrar que el nacionalismo es un enfoque político desencaminado bastaría con indicar que las consecuencias prácticas que éste trajo para las naciones en las que cobró fuerza, fueron nefastas. Lo que quería decir es que a menudo la excesiva insistencia en que un himno tiene la capacidad de lograr la cohesión de un pueblo, una postura que sostendría algo así como que ‘un pueblo que canta unido es uno, el mismo y por ello comparte determinados valores’, tiende a identificar toda la identidad de los ciudadanos, con una única idea, que no tiene otro objetivo que la consecución de un fin estatal.

(b)
Ahora bien, es típico de tal postura sostener que el himno puede recoger las expectativas y creencias que los ciudadanos del Estado pueden tener respecto de su Estado nación. ¿Hasta qué punto es eso cierto? Una investigación genealógica, es decir, aquella que da cuenta de las peculiares condiciones en las que estaba insertado un fenómeno en el momento de origen, podría mostrar que muy a menudo los himnos nacionales son inseparables de lo que hemos llamado aquí ‘formas de vida locales’. Esto sugiere que un himno puede hacer explícitas, por ejemplo, las creencias de quien escribió su letra o de los ciudadanos de la época. El himno es, pues, un documento histórico.
Ello explicaría la actitud contemporánea de que un ciudadano no sienta como suya una pieza musical que cierto gobierno, muchos años antes hiciera oficial y que poco o nada tiene que ver con lo que él cree de su Estado-nación. En ese sentido éste puede creer que tal pieza musical es caduca, porque los valores que representa han ellos mismos caducado, e incluso en muchas ocasiones ridícula, por razones estéticas o de identidad. Es un hecho obvio, molesto para el nacionalismo, que de que dos ciudadanos compartan o hayan compartido el mismo espacio territorial, no se sigue que compartan las mismas creencias con respecto a las instituciones o su país, y ello en virtud de que las formas de vida pueden ser muy distintas, y ello a su vez, por causa de una educación distinta. Piénsese, por ejemplo, en la siguiente oración: ‘la virgen sus cabellos arranca en su agonía y de su amor viuda los cuelga de un ciprés’ (Himno nacional de Colombia). Ahora, pensemos en un evento cívico de un colegio en el que en lugar de la primera estrofa decide cantarse justamente ésta. ¿Se podría decir que los niños que la cantan entienden siquiera lo que han aprendido, con seguridad, mecánicamente? Nótese que la reproducción, repetición, y difusión casi infinita de una instancia musical es lo que le da el carácter institucional. Quisiera dar otro ejemplo más y con ello termino. Que los himnos no son compartidos por todos los ciudadanos se muestra en que al interior de un Estado nación pueden existir ciertas identidades regionales. Piénsese por ejemplo en que un catalán se puede negar a escuchar en un evento institucional el Himno de España, antes que el himno de su región, porque considera que éste último tiene que ver más con sus particulares condiciones políticas y sociales.

(2) Ahora bien, creo que el problema principal de todo esto es que no se puede asumir sin más que una postura a favor de los himnos nacionales como parte de la identidad nacional, encubre necesariamente un nacionalismo. Más bien, de nuevo, se puede decir que todo depende de cómo asuman los ciudadanos su himno. Recuérdese por ejemplo, que Jimmy Hendrix hizo popular una versión rock del Himno de los Estados Unidos (‘The Star singled banner’).

Supongamos hipotéticamente que Colombia ganara un mundial y que en el evento de premiación, los organizadores hubieran confundido el Himno Nacional de Colombia, con el de Zambia. Creo que esto incomodaría no sólo a algunos patriotas sino a algunos ciudadanos que normalmente no sienten esas inclinaciones hacia su país. Eso lleva a pensar que el himno nacional, más que un criterio de identidad, como estaría interesado en sostener el nacionalismo fuerte, podría ser signo de ésta, es decir, sería un indicador de identidad, la mostraría. La identidad no se explica, es un hecho del mundo que se ostenta. De ahí que haya también ocasiones en las que los ciudadanos de un Estado nación canten con orgullo el himno de su nación. Con todo esto quería decir que la identidad parece ser condición necesaria del patriotismo, mientras que la conversa de esta implicación, no se da necesariamente, o no se puede reducir la identidad al puro patriotismo.

Espero que este escrito tenga más valor por los problemas que trata, que por la solución que aquí se ha deparado para ellos.
* Este escrito se inscribe dentro de un grupo de investigaciones que actualmente adelanto sobre las posibles relaciones entre la intencionalidad colectiva y las instituciones sociales. Agradezco a Juan Pablo Mejía y a Fernando Díaz del Castillo por sus valiosas observaciones sobre el tema.
Consideraciones sobre los orígenes de la modernidad europea

Gabriel Jiménez Peña


Resumen: En el escrito se intenta argüir a favor de unas consideraciones del fenómeno ‘modernidad’ desde cuatro hilos conductores: (i), creencia en el poder explicativo y predictivo de la ciencia, (ii) secularización de la sociedad europea, (iii) Liberalismo político y económico, (iv) ilustración, y desde una perspectiva que se propone marginar, sin que sea claro hasta qué punto, de la literatura al respecto y de cualquier consideración valorativa.

Si se considera que los orígenes de la modernidad se encuentran solamente en la confianza en el poder explicativo y predictivo de la ciencia, particularmente en el método de las matemáticas y de la física y en su fecundidad, éstos deben remontarse a Aristóteles; en ningún caso a la interpretación que predominó en el auge del catolicismo europeo en el siglo XII en la Universidad y en su preferencia por la cátedras de Teología y Filosofía, si bien en esta misma es que se da pábulo a la distinción entre razón y fe con Alberto Magno (c. 1200-1280) y Tomás de Aquino (1225-1274). Más bien en el Renacimiento italiano, en científicos como Leonardo da Vinci (1452-1519) o Galileo Galilei (1564-1642), a pesar del juicio que su propia época haya hecho sobre ellos –recuérdese la abjuración a la que fue obligado este último físico (1633)-, o no sabemos si a Copernico (1473-1543), el cual da a conocer su crítica al sistema ptolemaico, basado a su vez en la interpretación dogmática del primer filósofo mencionado, en la lengua aun oficial en los escritos que se erigen en científicos, el latín, lengua en la que escribiera el también condenado Roger Bacon (c. 1214-1294), quien llevara a cabo estudios en óptica y en astronomía, a la vez que se inclinaba por la astrología y la existencia de la piedra filosofal, creencias éstas premodernas.

Pero si se considera que dichos orígenes no deben expresarse en esos términos porque justamente parece darse una configuración histórica ecléctica, que permite afirmar todavía la preponderancia de la premodernidad en el conocimiento (la creencia en la alquimia y la astrología, el privilegio del latín como lengua conductora del conocimiento), sino más bien, por un lado, en relación con la afirmación de la racionalidad científica como conocimiento con pretensiones de verdad y objetividad y, por otro, en la pretensión de dominación de la naturaleza, entonces debe hablarse de Francis Bacon (1561-1626) con su afirmación de que ‘el conocimiento es poder’ o de René Descartes (1596-1650) y su intención de fundamentar el conocimiento sobre bases ciertas y seguras, a través de la instrumentalización del escepticismo.

El caso es que darse el beneficio de la cronología acerca de la cuestión de la precisión de los comienzos de la modernidad en términos del conocimiento, lleva a citar un fárrago de hechos que pueden abarcar V siglos de Historia -la imprecisión misma!, que no dan cuenta del fenómeno ‘modernidad’ (la llamada afirmación de la conciencia subjetiva y los otros rasgos mencionados: la positivización del conocimiento en ciencia, la pretensión de dominio de la naturaleza) y que no se compadecen de otras consideraciones que sostienen que su comienzo puede ser determinado, por ejemplo, en el descubrimiento de América -espero que se recuerde la fecha- o al surgimiento de la burguesía como clase social (a cuyo comienzo siempre se refiere al esplendor de los Medici), o a la reforma protestante (1517) comenzada por Lutero, pero permite afirmar que en la transición del siglo XVI al XVII se deja entrever con más claridad dicho comienzo. La cuestión es ¿cómo pueden ponerse en relación los hechos mencionados como modernos, sin irse por las ramas por cuanto a los antecedentes históricos se refiere, y determinar el surgimiento de la modernidad?

La modernidad tiene sus asientos en: (i) la afirmación de la oposición sujeto-objeto (la distinción cartesiana entre res cogita y res extensa), la confrontación entre el escepticismo relativista y el racionalismo fundacionalista (Montaigne 1533-1592, Pascal, (1623-1662)), la creencia en el poder explicativo del método hipotético deductivo (Descartes), la afirmación de las matemáticas y de la física como modelos paradigmáticos del conocimiento (Descartes, Spinoza (1632-1677), y caracterizándose de ese modo como una época en que surge una nueva ciencia (epistemología) y un florecimiento científico con pretensiones de verdad diferentes a las de la autoridad eclesial medieval europea, es decir, (ii) en el proceso histórico de reforma protestante, pero también de secularización del conocimiento y del poder social y económico, y caracterizándose como una época de crisis de la iglesia católica-romana como fuente central del poder social y económico, (iii) y en un lapso de tiempo significativo que se remonta incluso al s. XII, y que da lugar a una nueva clase social, la burguesía, caracterizándose por el enriquecimiento de las naciones colonialistas –lo cual tiene más que ver con el auge de la universidad moderna europea que el descubrimiento de América, hecho el cual por sí solo no generó todas las fuentes necesarias para la financiación de dichos centros educativos-, la defensa de la propiedad privada y de la libertad individual, (Locke 1632-1704) y por el surgimiento de la ciencia empírica económica, (iv) en última instancia, por el iluminismo o la ilustración (y a pesar de que la Revolución Francesa y la redacción del opúsculo de Kant, Respuesta a la pregunta: ¿qué es la ilustración son del s. XVIII), caracterizado como la actitud razonable de pensar al margen de tutorías dogmáticas.

En conclusión, la modernidad puede ser caracterizada como el concepto de una época histórica (transición del s. XVI al XVII) en la que la ciencia se convierte en un conocimiento privilegiado y estimado por su método racional, y en la que ello tiene por consecuencia colateral la crisis de la religión como paradigma omnicompresivo-explicativo, y de la iglesia como poder socio-económico dominante, y de la nobleza aristocrática como clase dirigente.


Coda: La cuestión sobre los orígenes de la modernidad europea puede arrojar luces sobre la cuestión debatida de los supuestos orígenes de la posmodernidad, en la medida en que es posible definir este último concepto por contraste con la modernidad. Hemos visto que el caso es que pretender determinar ingenuamente un comienzo único, una fecha precisa (como decir, v. g., que la modernidad comienza con el descubrimiento de América o con la revolución francesa) lleva a soslayar otros hechos constitutivos. Si ello es así, previsiblemente puede afirmarse que con la posmodernidad ha de ser del mismo modo y que no es posible indicar un comienzo único, aunque sí determinados síntomas del agotamiento del paradigma moderno. Estos síntomas pueden ser: (i) Relativismo conceptual. No hay hechos puros, objetivos, sino interpretaciones de éstos; el paradigma científico no afirma tanto su racionalidad, sino más bien su validez, y no se detenta como la única o la más cierta posibilidad de conocimiento. (ii) Fin de las teleologías o desencantamiento del mundo. La llamada por Nietzsche, ‘muerte de dios’. Los individuos occidentales admiten creencias incompatibles y eclécticas, y tienden más al agnosticismo o al ateísmo. (iii) Capitalismo corporativo multinacional. Los estados-nación han cedido poder a intereses particulares que se imponen globalmente y que configuran un orden mundial en consonancia con esos intereses. (iv) Banalización o anti-ilustración. Antes que a pensar por sí mismos, la profusión de información proporcionada por los medios de la ‘cultura de masas’ ha llevado a los individuos a una estupidez sistemática, pues la educación ya no está tanto en manos de tutores o centros educativos, como de dichos medios.

Wednesday, June 13, 2007

amistad

Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite. Dr. Jeckyll

Sólo un buen amigo es capaz de comprender que su presencia puede llegar a molestarnos. Noel Clarasó